«En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.»Salmo 4, 9
El versículo clásico para la noche: la tranquilidad viene de saberse en manos de Dios.
Versículos breves para leer en la cama, con la luz apagada, y dejar el día en manos de Dios antes de dormir.
«En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.»Salmo 4, 9
El versículo clásico para la noche: la tranquilidad viene de saberse en manos de Dios.
«Al acostarte no tendrás miedo; te acostarás y será dulce tu sueño.»Proverbios 3, 24
Una promesa para quien confía en Dios.
«Dios lo da a sus amigos mientras duermen.»Salmo 127, 2
Dios sigue trabajando mientras tú descansas.
«No permitirá que resbale tu pie; tu guardián no duerme. No duerme ni reposa el guardián de Israel.»Salmo 121, 3-4
Puedes dormir porque hay quien vela por ti.
«Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene.»Salmo 3, 6
Dormir y despertar son también un regalo.
«Solo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación.»Salmo 62, 2
El descanso más profundo es el del alma.
«En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti.»Salmo 63, 7
Si no puedes dormir, convierte la vigilia en oración.
«Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti».»Salmo 91, 1-2
El salmo de completas, que la Iglesia reza cada noche.
«No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día.»Salmo 91, 5
Los miedos de la noche pierden fuerza ante Dios.
«Mi presencia te acompañará y te daré descanso.»Éxodo 33, 14
Dios no solo da descanso: se queda contigo.
«Acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre.»Salmo 131, 2
Una imagen tierna para dormirse confiado.
«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.»Lucas 23, 46
Las palabras de Jesús que la Iglesia repite cada noche antes de dormir.
«Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.»Mateo 11, 29
Jesús ofrece descanso para el alma, no solo para el cuerpo.
«Bendeciré al Señor, que me aconseja; hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.»Salmo 16, 7-8
Incluso de noche Dios habla al corazón.
«Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti.»Isaías 26, 9
Si te desvelas, convierte la noche en encuentro.
«Levantad las manos hacia el santuario y bendecid al Señor por la noche.»Salmo 134, 2
Una bendición breve antes de cerrar los ojos.
«Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada.»Salmo 16, 9
Descansar con esperanza.
«Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí.»Juan 14, 1
Antes de dormir, deja el corazón en paz.
«Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra», ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día.»Salmo 139, 11-12
Para Dios la noche no es oscura.
«Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.»Salmo 141, 2
La oración de la tarde, como un incienso que sube.
Señor, se acaba el día y te lo entrego entero. Guarda mi descanso y el de los que quiero. En tus manos pongo mi espíritu. Amén.
El Salmo 4 y el Salmo 91 forman parte de las completas, la oración de la noche de la Iglesia.
Lee despacio un versículo, repítelo al ritmo de la respiración y entrega a Dios lo que te preocupa.
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