1«No os inquietéis por nada; más bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones con oración y súplica, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo entendimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.»
Filipenses 4, 6-7San Pablo no niega la preocupación: la convierte en oración. La paz llega como un guardián del corazón.
2«Descargad en él todas vuestras preocupaciones, porque él cuida de vosotros.»
1 Pedro 5, 7No tienes que cargar tú solo con todo. Dios se ofrece a llevar el peso.
3«No os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia.»
Mateo 6, 34Jesús te invita a vivir hoy. Mañana tendrá su propia gracia.
4«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde.»
Juan 14, 27Es una paz que no depende de que todo salga bien, sino de saberse acompañado.
5«No temas, que yo estoy contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios. Te fortalezco, te auxilio y te sostengo con mi diestra victoriosa.»
Isaías 41, 10Tres promesas para los días difíciles: fuerza, ayuda y sostén.
6«Descarga en el Señor tu peso, y él te sustentará.»
Salmo 55, 23Un versículo breve para repetir al ritmo de la respiración.
7«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.»
Mateo 11, 28Jesús no pide nada antes de aliviar: solo que vayas a él.
8«Cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos son mi delicia.»
Salmo 94, 19El salmista también tuvo muchas preocupaciones. Dios no las quita de golpe, pero consuela en medio de ellas.
9«Rendíos y reconoced que yo soy Dios.»
Salmo 46, 11A veces la paz empieza por soltar el control.
10«Tú mantienes en paz al de ánimo firme, porque en ti confía.»
Isaías 26, 3La confianza es el camino de la paz interior.
11«Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan ni almacenan, y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?»
Mateo 6, 26Jesús usa una imagen sencilla para recordarte cuánto vales para Dios.
12«Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza.»
2 Timoteo 1, 7El miedo no viene de Dios. Él te da fuerza y serenidad.
13«El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.»
Salmo 23, 1-3Una imagen de calma para cerrar los ojos y respirar.
14«Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma.»
Marcos 4, 39Jesús tiene poder sobre las tormentas, también las de dentro.
15«Consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias.»
Salmo 34, 5Contarle a Dios lo que te agobia ya es empezar a soltarlo.
16«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria.»
Lucas 10, 41-42Jesús invita a parar y quedarse con lo esencial.
17«En la conversión y la calma está vuestra salvación; en la serenidad y la confianza, vuestra fuerza.»
Isaías 30, 15La serenidad también es una forma de fuerza.
18«Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad, sino que acallo y modero mis deseos.»
Salmo 131, 1-2Soltar lo que no depende de ti trae paz.
19«Que el Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe.»
Romanos 15, 13Una bendición para leer despacio.
20«Que el mismo Señor de la paz os conceda la paz siempre y en todo lugar.»
2 Tesalonicenses 3, 16La paz de Dios no depende del lugar ni del momento.